Recomendaciones a los poderes públicos del Informe Smart Cities 2012

En un post anterior, informe sobre la presentación  el Informe “Smart Cities 2012”, fruto del trabajo del Foro de Sostenibilidad TIC y coordinado por la patronal AMETIC. Este Foro, está formado por expertos de más de 20 Organizaciones público-privadas que han analizado el presente y el futuro de las ciudades inteligentes, la incidencia de las TIC en la transformación de las ciudades, los servicios y tecnologías, la hoja de ruta para la implantación, el beneficio para los ciudadanos, etc.

Destacaré las recomendaciones que los expertos realizamos a los poderes públicos, en otra entrada posterior me referiré a las que también se realizan a la Industria TIC.

A lo largo del informe se desarrolla el concepto de Smart City, justificando su oportunidad ante el imparable crecimiento de la población urbana mundial. La Smart City es un remedio para los problemas asociados a la congestión de las grandes ciudades, y también es una palanca para explotar las oportunidades que esas mismas grandes concentraciones de seres humanos ofrecen.

Sin embargo, el Informe llama la atención sobre las dificultades del camino hacia la Smart City. La propia amplitud del concepto invita a la dispersión de los esfuerzos. Las grandes inversiones que pueden ser necesarias disuaden a los poderes públicos y a los agentes privados en un momento en el que, además, el acceso a la financiación es escaso. Por eso, las recomendaciones que se derivan del Iinforme tienden precisamente a una aproximación pragmática y prudente al concepto de Smart City.

Las Administraciones Públicas juegan un doble rol en el impulso de las Smart Cities. Por un lado, como responsables de las entidades locales, los gobiernos municipales han de acometer los proyectos de transformación de los servicios de la ciudad. Por otro lado, las Administraciones Públicas han de apoyar el desarrollo de tecnologías y modelos de servicios propios de la Smart City.

Así, en su calidad de Gobiernos Municipales, las Administraciones Públicas han de tener en cuenta las siguientes recomendaciones a la hora de pilotar la transformación de la ciudad:

  • Ante el riesgo de dispersión, las ciudades han de apoyarse en redes de ciudades, a nivel nacional y europeo, para compartir experiencias y definir prioridades compartidas. En nuestro país este es el cometido llevado a cabo por la Red Española de Ciudades Inteligentes.
  • Desde el punto de vista tecnológico, las ciudades han de decantarse por tecnologías suficientemente maduras y contrastadas. Las amplias inversiones necesarias desaconsejan la asunción de riesgos tecnológicos excesivos.
  • Las ciudades han de iniciar su transformación mediante iniciativas de impacto y visibilidad públicos, especialmente en las áreas de la energía y el transporte.
  • La transformación de la Smart City es lenta. Los responsables públicos de las entidades locales han de asumir que los proyectos que se pongan en marcha trascenderán, en la mayor parte de los casos, la duración de un periodo electoral.
  • Es necesario establecer un conjunto de indicadores consensuados que permitan evaluar el proceso de transformación de las ciudades en Smart Cities, de forma que pueda compararse esta evolución y realizar un seguimiento exhaustivo de las implantaciones tecnológicas.

Por otra parte, en la función de apoyo a la innovación tecnológica y en servicios, las Administraciones Públicas han de tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Las tecnologías orientadas a la eficiencia en la generación, distribución y consumo de energía; así como las relacionadas con la gestión de la movilidad y el transporte, son prioritarias para la Smart City.
  • El efecto demostración es esencial para impulsar la creación de una masa crítica que dé lugar a un mercado suficientemente amplio como para estimular la inversión privada.
  • Los modelos de colaboración público privada son particularmente indicados para el desarrollo de proyectos de Smart Cities.
  • Regulación multidisciplinar a nivel de las Administraciones Públicas y de los gobiernos municipales. Uno de los inhibidores más importantes para el desarrollo efectivo de las Smart Cities es la existencia de regulaciones especificas en cada una de las áreas afectadas: energía, telecomunicaciones, transportes públicos y privados, etc., que han conducido al desarrollo de equipos y sistemas cerrados específicos de cada sector. El desarrollo de las Smart Cities va a requerir desarrollo de sensores y equipos que van a aportar una funcionalidad multisectorial y que se podrá activar por software, así como una tremenda innovación en procesos de negocio también multisectoriales que van a requerir de una “flexibilidad” en la regulación para su desarrollo y para ir haciéndola multidisciplinar. Dado que los proyectos de transformación en Smart City son, necesariamente, proyectos a largo plazo, es necesario además que la regulación incluya el horizonte temporal de las actuaciones reguladas, para así ofrecer un marco estable de trabajo a empresas e instituciones.

El Informe completo puede obtenerse en el siguiente enlace.

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