Las ciudades inteligentes, una oportunidad para la recuperación económica

La aplicación de las TIC,  pilar básico y elemento transversal para las Smart Cities

Hace unos días se presentó el Informe “Smart Cities 2012”, fruto del trabajo del Foro de Sostenibilidad TIC y coordinado por la patronal AMETIC. He tenido el placer de coordinar los trabajos de este Foro, formado por expertos de más de 20 Organizaciones público-privadas que han analizado el presente y el futuro de las ciudades inteligentes, la incidencia de las TIC en la transformación de las ciudades, los servicios y tecnologías, la hoja de ruta para la implantación, el beneficio para los ciudadanos, etc.

En el Resumen Ejecutivo se define al siglo XXI como el siglo de las ciudades. Tanto en el mundo desarrollado como en los países emergentes, las urbes se constituirán en el centro de la actividad social y económica. En los países desarrollados, este proceso ya se ha producido en gran medida, y durante los próximos años terminará de culminarse. En las naciones en vía de desarrollo, los movimientos migratorios están desplazando grandes masas de población desde las áreas rurales hacia las ciudades, en algunos casos verdaderas megápolis, que están experimentando un rápido crecimiento, en no pocas ocasiones desordenado y pleno de profundas desigualdades.

Las ciudades del futuro concentrarán la mayor parte de población del planeta; serán el foco de la actividad cultural, artística y económica; consumirán la mayoría de los recursos naturales y energéticos; generarán la mayor parte de los residuos y serán responsables de la emisión a la atmósfera de los gases de efecto invernadero. Las ciudades, en suma, serán el foco de la actividad humana, que se localizará en una fracción de la superficie del planeta, con todos los efectos que ello conlleva. Efectos positivos, al aprovechar la concentración humana para estimular el desarrollo económico, las relaciones, la innovación, el progreso de las artes y las ciencias, para facilitar modelos sostenibles de gestión energética, para poner al alcance de la mayor parte de la población mundial el acceso a los servicios básicos, a la sanidad y a la educación. Pero efectos también negativos, como el incremento de la población que habita en suburbios sin agua corriente ni electricidad, el incremento de la inseguridad, o de la polución del aire.

El Foro TIC para la Sostenibilidad, expone en el Informe su visión de las Smart Cities, del propio concepto de ciudad inteligente, de los servicios que puede prestar y de las tecnologías que han de sustentar una más eficiente prestación de esos servicios.

La Smart City se erige como gran oportunidad para gestionar de la forma más eficiente ese futuro eminentemente urbano. La aplicación extensiva e intensiva de las Tecnologías de la Información y la Comunicación a los servicios públicos, a la gestión del suministro y consumo de energía o de agua, a la mejora del transporte y la movilidad, a la seguridad ciudadana y la protección civil, a la creación de un entorno favorable para los negocios y la actividad económica de alto valor añadido, al gobierno de la ciudad y a la transparencia y participación ciudadanas constituyen la clave de la transformación de la ciudad tradicional en una Smart City. Es el de Smart City un concepto amplio, en el que caben definiciones de diverso alcance, desde las más restrictivas hasta las más extensivas, pero que comparten en todos los casos la aplicación de las TIC como pilar básico y elemento transversal facilitador de la mejora de los servicios públicos, de la sostenibilidad y de la eficiencia.

El carácter transversal de la tecnología convierte también a la Smart City en una gran oportunidad para que la industria del sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación se erija, una vez más, en el gran transformador de la sociedad. La Smart City requiere de nuevos dispositivos, de sensores, de redes de comunicaciones, de capacidad de almacenamiento y de procesamiento, de plataformas de gestión de servicios que permitan mejorar la prestación de los servicios de la ciudad, como la energía, el agua, el transporte, la gestión de residuos, el comercio, el turismo o el gobierno. Las empresas del sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación se enfrentan, pues, a un gran reto y a una inmensa oportunidad de crecimiento y de desarrollo. Una oportunidad, nuevamente, de contribuir de forma decisiva a la mejora de la calidad de vida de los seres humanos mediante la tecnología.

Los servicios que puede prestar una Smart City se asocian a las tecnologías en las que se puede apoyar para hacerlo. Estas tecnologías abarcan desde las redes de comunicaciones por línea y por radio hasta los sistemas M2M (Machine to machine) de Internet de las Cosas, que permiten la gestión de sensores y actuadores a lo largo y ancho de la ciudad. La gran capacidad de adquisición de datos a través de sensores desplegados por toda la ciudad requiere de una capacidad de almacenamiento y procesamiento adecuada, siendo para ello de aplicación las tecnologías emergentes de Big Data. La amplia panoplia de tecnologías que se emplean en el modelo de Smart City hace imprescindible el desarrollo de estándares y normas que faciliten la interoperabilidad de sistemas y dispositivos. Los organismos de normalización y estandarización están trabajando en esta línea.

Las Smart Cities constituyen también una nueva oportunidad para el crecimiento económico, a través de la mejora de la productividad asociada a la prestación más eficiente de servicios, así como mediante la capacidad de atracción de talento e inversiones, propia de las ciudades más desarrolladas. Es por ello que las políticas públicas tanto a nivel europeo como nacional han identificado este nuevo modelo de ciudad como un objetivo a perseguir. Iniciativas como la Red Española de Ciudades Inteligentes son una buena prueba de ello. Otros casos de éxito, tanto españoles como extranjeros, dan buena cuenta del interés que el concepto de Smart City está despertando entre las autoridades municipales y estatales de todo el mundo.

La financiación de la evolución a la Smart City es un aspecto esencial de cualquier proyecto de modernización urbana. La magnitud de las inversiones necesarias, así como la necesidad de mantenerlas de forma sostenida en el tiempo, invitan a aplicar modelos de financiación basados en la colaboración público privada.

En el Informe se define un decálogo para la transformación de las ciudades

La evolución de las ciudades hacia Smart Cities requiere de impulso político, de un compromiso claro de la industria TIC y de otros sectores como el energético o el del transporte, y requiere también de la implicación de los propios ciudadanos. Los siguientes diez puntos conforman el decálogo que toda ciudad debería tener presente al iniciar su transformación en una Smart City:

  • En primer lugar, es necesario caracterizar la ciudad. Conocer sus fortalezas y debilidades, su perfil sociológico y demográfico, sus necesidades más perentorias y cómo éstas van a evolucionar en el futuro.
  • Una vez caracterizada la ciudad, hay que decidir qué Smart City se desea tener. Por ejemplo, una ciudad con una población que envejece rápidamente podría priorizar los servicios socio sanitarios de la Smart City. Una ciudad con un consumo energético muy ineficiente podría priorizar los servicios de energía. En resumen, se trata de seleccionar los servicios de mayor interés para la ciudad, y comenzar a trabajar en ellos.
  • La transformación de una ciudad en Smart City es un proceso largo. Por ello, antes de iniciar esta transformación es necesario disponer de un compromiso firme por parte de todas las administraciones y fuerzas políticas que podrían gestionar la ciudad a lo largo del proceso.
  • La transformación de una ciudad en Smart City requiere de la participación de múltiples agentes privados. Hay que asegurar la adhesión y participación de todos ellos, desde empresas de suministro energético, servicios financieros o de transportes, hasta la sociedad civil.
  • La transformación de una ciudad en Smart City es un proyecto de inversión que requiere financiación. Esta financiación debe proceder tanto del ámbito público como del privado, pues las ganancias de eficiencia que se derivan de los servicios prestados por la Smart City alcanzan a ambas esferas.
  • La transformación de una ciudad en Smart City es un proyecto de gran envergadura que requiere la implicación de los ciudadanos. La comunicación ha de ser constante y consistente, y la transformación ha de ser vista por todos los habitantes de la ciudad como un proyecto común y de gran alcance.
  • La transformación de una ciudad en Smart City es un proceso lento, pero no obstante el plan de proyecto ha de incluir algún logro intermedio que permita que los agentes de la ciudad accedan a algunos de los beneficios de la Smart City en el menor plazo posible.
  • Los responsables del proyecto de transformación han de seleccionar soluciones y estándares abiertos, huyendo de soluciones propietarias y cerradas que puedan comprometer el futuro de las inversiones que se realicen.
  • En general, y salvo para la realización de pruebas piloto, el conveniente minimizar el riesgo tecnológico en el desarrollo de proyectos innovadores en el ámbito de las Smart Cities.
  • Todo proyecto requiere un conjunto de indicadores y métricas, de seguimiento y de impacto, que permita medir tanto el avance del mismo como sus resultados.

El Informe completo puede obtenerse en el siguiente enlace.

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