Cotec insiste en la necesidad de un cambio de modelo económico en España.

He tenido la oportunidad de asistir a la Asamblea anual de Cotec,  presidida por S.M. el Rey, el acto contó con la participación de la Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra de la Presidencia, María Teresa Fernández de la Vega, del Presidente de Cotec, José Ángel Sánchez Asiaín, y del Director General de Cotec, Juan Mulet, quienes han estado acompañados en la mesa presidencial por el Ministro de Educación, Política Social y Deporte, Ángel Gabilondo y la Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. Durante este acto se solicitó la necesidad de afrontar e impulsar un cambio de nuestro modelo económico, más dependiente de la tecnología y medidas urgentes para conservar el núcleo del sistema de innovación.

Según Cotec, los indicadores de innovación, a partir de los últimos datos oficiales del INE correspondientes a 2007, describen una evolución positiva de las inversiones en I+D, tanto públicas como privadas. El gasto empresarial en I+D creció ese año el 14% y el público el 12%, ambos por encima de sus promedios de la última década y por encima de los valores registrados por la mayoría de los países europeos, mientras que el personal dedicado a actividades de I+D en equivalencia a jornada completa superó, por primera vez, las 200.000 personas.

El gasto empresarial supone ya cerca de 7.500 millones de euros, y el público se aproxima a los 6.000 millones de euros. En comparación con las cifras de hace una década, el gasto privado se ha cuadruplicado y el público se ha triplicado, aunque se sigue manteniendo el crónico desequilibrio entre la financiación pública y la privada, ya que esta última sólo supone el 46% del gasto total, todavía lejos del objetivo del 66% fijado por la Agenda de Lisboa.

En el período comprendido entre 2000 y 2007, España ha incrementado de forma continuada los recursos dedicados a la I+D, lo que ha permitido que el gasto español haya pasado de representar el 0,91% del PIB en 2000 al 1,27% en 2007. En este último año, el gasto en I+D de España fue de 13.342 millones de euros, un 12,9% más que en el año anterior.

Los expertos consultados por Cotec a finales de 2008 para la elaboración de su índice sintético de opinión manifiestan su preocupación por la situación actual y ven posible un retroceso en la evolución del sistema español de innovación. Les preocupa especialmente la evolución del sector empresarial y el deterioro de la capacidad competitiva de la economía.

Los problemas que los expertos han considerado más graves este año son el reducido número de empresas españolas que basan su competitividad en la innovación, la baja propensión del mercado financiero a apoyar proyectos innovadores y la escasa orientación de la investigación pública a las necesidades empresariales.

En cuanto a las tendencias, los expertos sólo prevén ligeras mejoras en la eficiencia de las estructuras de interfaz y en la comprensión por parte de los investigadores de la necesidad de ofrecer productos y servicios innovadores. En todos los demás aspectos consultados las previsiones apuntan a un deterioro de la situación, y aumenta el porcentaje de expertos que expresan opiniones muy pesimistas. Esto afecta especialmente a las expectativas de disponibilidad de fondos públicos, presumiblemente como consecuencia de la crisis.

También se prevé un fuerte deterioro de la competitividad tecnológica de las empresas españolas y en su actitud ante la innovación, y es preocupante que la actual situación de crisis haya llevado a los expertos a pensar que pueda resentirse la cultura de la calidad y del diseño, una cuestión que había experimentado una perceptible mejora en años anteriores.

El  Presidente de Cotec, José Ángel Sánchez Asiaín, en su intervención durante el acto, llamó la atención sobre la necesidad de construir un nuevo modelo de desarrollo económico más dependiente de la tecnología, fundamentalmente de la generada en España, para lo cual es imprescindible tomar medidas urgentes para conservar el núcleo del sistema español de innovación, que se ha conseguido crear con gran esfuerzo durante los últimos diez años y que ya comenzaba a liderar un apreciable cambio en la capacidad tecnológica española.

Según Sánchez Asiaín: en esta nueva etapa, hay que dejarlo claro, es el empresario el que debe asumir la mayor responsabilidad de avanzar en la eficiencia de todo el sistema. Porque en sus manos, en las manos del empresario, está ese proceso. Son ellos los que deben estar convencidos de que el dominio de la tecnología es una ventaja competitiva ineludible. Y que ellos son los responsables de aprovechar y encauzar la capacidad científica y tecnológica que tienen a su alrededor. Este es, pues, el momento de los empresarios valientes”.

También se refirió a las medidas más urgentes que se deben de tomar ante la actual situación de crisis, indicando que: tendremos que estudiar, y estudiar muy bien, los objetivos que nos fijamos. Porque la actual situación está frenando el ritmo de crecimiento de nuestro sistema de innovación, y el país no puede permitirse que se pierda la tensión innovadora alcanzada en estos últimos años.

Aunque lo primero, lo verdaderamente urgente en estos momentos, es evitar que se destruya lo que hemos conseguido crear, con tanto esfuerzo, a lo largo de estos diez últimos años. Concretamente se trataría de salvar esa primera aproximación al robusto sistema de innovación, que constituye ese núcleo de empresas y grupos de investigación del que antes hablaba. Ese núcleo de 11.000 empresas, que hoy constituye el embrión de nuestro nuevo modelo de crecimiento. Que ya son el modelo de crecimiento. Y que en estos momentos peligran por falta de financiación.

Las medidas a tomar –añadió- son muchas. Todas ellas encaminadas a fortalecer las bases de nuestro futuro modelo económico. Una de las fundamentales es la educación. Y a ella deberemos dedicar especial y urgente atención. La educación primaria deberá asumir la responsabilidad de inculcar los valores y hábitos, que hacen innovadora a una sociedad. Y tenemos un agujero muy profundo en formación profesional. Sus enseñanzas deberán ser simplificadas y redefinidas, partiendo de las necesidades empresariales. Habrá que cuidar también, y exquisitamente, la calidad de la formación superior, porque de ella depende nuestra capacidad en el futuro de generar conocimiento, y de tomar decisiones empresariales y públicas, que favorezcan el mejor aprovechamiento de la ciencia y la tecnología.

Continuó: Tendremos también que plantearnos la calidad de nuestras instituciones científicas, muy especialmente las relaciones universidad-empresa, que deben mejorar muchísimo. Porque el bajo nivel de esta relación está suponiendo ya una importante pérdida de sustancia en nuestro Producto Interior Bruto. Y tendremos que mejorar, y rápidamente, nuestra pobre realidad en el gasto de las empresas en I+D, lo que hará necesario aumentar el número de su personal técnico y, especialmente, el de investigadores. Y tendremos que mejorar, también, “una gestión empresarial”, que hoy está muy alejada de los desafíos de la globalización.

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